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DOM AUGUSTIN CALMET


l “Dictionnarie Philosophique” (1764), Voltaire se permitía llamar la atención acerca de la calamidad que en pleno siglo de las Luces se había desatado, la creencia acerca de los vampiros. Y atribuía mucha de la culpa de esta epidemia al ilustre benedictino de la congregación de S. Vannes y de San Hidulfo, el abate de Senone, el reverendo padre Dom Augustin Calmet.
En 1746, Calmet se permitió publicar un largo tratado, la“Dissertation sur les apparitions des esprits et sur les vampires et revenants”, texto que podemos traducir como el Tratado acerca de las apariciones de espíritus y acerca de los vampiros y revinientes, en dos volúmenes. El libro logró un amplio éxito.
El Tratado del padre Calmet en su parte dedicada a los vampiros, no deja de prescindir de los espectros y apariciones; mas puede aseverarse que es el primer estudio amplio respecto a los vampiros en Europa.

En el texto de Voltaire al que hacíamos referencia, se comentaba un hecho curioso, que muestra el interés del filósofo por erradicar una creencia “que provenía de la Grecia cristiana”. Traduzco parte de la argumentación:
“Después de algún tiempo, los cristianos del rito griego imaginan que los cuerpos de los cristianos del rito latino enterrados en Grecia no se pudren, porque están excomulgados. Lo cual es precisamente lo contrario por parte de nosotros, los cristianos del rito latino. Creemos que los cuerpos que no se corrompen están marcados
“Los griegos están persuadidos que esos muertos hacen sortilegios, los llaman brucolacas o vrucolacas, dependiendo como pronuncian las letras del alfabeto. Estos muertos griegos van a las casas para chupar la sangre de los niños, comer la sopa de los padres y madres, beber su vino y romper todos los muebles. Sólo se pueden matar quemándolos cuando los atrapan. Pero debe metérseles al fugo tras haberles arrancado el corazón, que se quema aparte”.
La principal queja de Voltaire, resumamos, es la facilidad con que se comunican la superstición, el fanatismo, los sortilegios y los cuentos de revinientes. Mas agrega un dato de interés: sólo se oyó hablar de vampiros y no de broculacas en Europa a partir de 1730.
Calmet advierte en su opúsculo que el término vampiro proviene de upyr, que significa en lengua eslava “sanguijuela”. Y advierte que es el nombre que se les da en las regiones de Moravia, Polonia, Hungría y Silesia, principalmente, a los revinientes.
Asimismo, los lectores de Calmet coinciden en subrayar el interés del tratadista por hacer un análisis de las circunstancias que favorecían el origen de las supersticiones en Europa y las diversas narraciones alrededor del tema, para contrarrestarlas al modo de los grandes disertadores; sin embargo, su trabajo fue un excelente compendio de las leyendas que él deseaba desterrar, aunque prevalecieron.
Veamos algunas de las más notables. Una de las más antiguas inspira ciertamente el opúsculo de Calmet cuando refiere que Charles Ferdinand de Schertz escribió e imprimió en Olmuz –en 1706– un pequeño trabajo intitulado Magia posthuma, dedicada al príncipe Carlos de Lorena, obispo de Olmuz y Osnabruch.
Relevante de la historia contada por Charles Ferdinand de Schertz –conforme al tratado de Calmet– es el siguiente episodio:
Había muerto en un pueblo una mujer. Se le habían administrado los sacramentos y se le enterró en el cementerio de manera ordinaria. Mas pasados cuatro días del suceso, los habitantes del lugar escucharon un gran ruido y un extraordinario tumulto, “y vieron un espectro que se aparecía, tanto bajo forma de perro como bajo forma de hombre, no a una persona sino a varias, a las que causaba grandes dolores, apretándoles la garganta y comprimiéndoles el estómago hasta sofocarlas; casi les rompía el cuerpo, y los reducía a una extrema debilidad, de suerte que se los veía pálidos, flacos y extenuados.”
El remedio contra estos revinientes era el método explicado por Voltaire: el fuego. Aunque en una narración posterior, atribuida al Conde de Cabreras en 1730 se notifica de un segundo procedimiento: cortar la cabeza. Pero tenemos uno más parecido al método adoptado por la literatura procede de la misma época, 1730, cuando un comisario hizo desenterrar a un reviniente y ordenó que con un clavo de gran tamaño le atravesasen las sienes y lo volvieran a enterrar en su tumba.
Cita Calmet el libro del Marqués d’Argens: las Cartas judías referentes a 1738 y alude a la carta 137 donde se menciona una epidemia de vampirismo ocurrida en Kisilova, aldea próxima a Belgrado, donde se solicitó la presencia de dos oficiales y un verdugo para erradicarla. Se abren las tumbas, y “cuando se llegó a la del anciano, lo encontraron con los ojos abiertos, de color bermeja, la respiración natural, aunque inmóvil como muerto; de lo que se concluyó que era un vampiro señalado. El verdugo le atravesó el corazón con una estaca, se hizo una hoguera, y redujeron el cadáver en cenizas.”
Por lo general, las historias de vampiros que cita Calmet deben atribuirse a una publicación o a algún personaje ilustre. Sin embargo las referencias históricas que permitieran una adecuada interpretación de las anécdotas pocas veces ocurren: o bien ha muerto el narrador o contador, o las referencias a los pueblos y personas que involucra la historia son imprecisos.
Esto no ocurre con Arnold Paole, heiduque de Medreïga en Hungría, quien fuera aplastado por un carro de heno cerca de 1729. Al mes de su muerte hubo cuatro fallecimientos súbitos, que debieron atribuirse al vampiro. En este caso fue sencillo identificar que el culpable era Arnold Paole, quien alguna vez había relatado que en una época de su vida había sido atormentado por un vampiro turco cerca de Cassova, en las lindes de la Servia turca.
Arnold Paole confió en la receta de que para curarse del hostigamiento de un vampiro debe comerse la tierra de su sepulcro y frotarse con su sangre. Y ahora él era un vampiro activo. Por ello la autoridad del lugar hizo clavaran su corazón con una estaca, y se le oyó dar un espantoso grito. Luego, cortaron su cabeza y quemaron el cuerpo. Se hizo lo mismo con aquellos que Arnold Paul había atormentado.
Basten estas citas para subrayar la minuciosa colección de ejemplos que integran el trabajo de Calmet, donde se concentran ciertamente la mayor parte los comentarios y referencias de la primera mitad de su siglo respecto a las historias de vampiros.



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JdR Vampiro Edad Oscura: Khytsñibetch


Vampiro Edad Oscura es un juego publicado en España por La Factoría el año 1996 a partir de la licencia de White Wolf. En este juego de rol, los jugadores interpretan a vampiros que deambulan por el mundo de la Edad Media. Cada vampiro pertenece a un clan, los cuales, en gran medida, están enfrentados entre ellos o, si más no, sus relaciones no son lo que podríamos llamar de total confianza. Los mortales no son más que títeres de sus verdaderos Amos, alcanzando algunos de ellos grandes cotas de poder gracias a la protección de sus Señores.
A nivel de la creación de personajes, además de unos atributos que normalmente se encuentran por encima de la media, los vampiros disponen de una serie de poderes que, en el juego, se denominan Disciplinas y que son las que normalmente marcan la diferencia, ya sea entre vampiros o contra otras criaturas del Mundo de Tinieblas –mundo genérico en el que se basa el juego –como los hombres lobo. Una serie de trasfondos ayudarán a dar riqueza al personaje desde el punto de vista ambiental, como pueden ser criados, contactos o incluso generaciones antiguas. ¿Y que significa esto último? Pues bien, todos los vampiros en este juego descienden en primera línea de Caín, el primero de todos. 
 
   No entraremos en detalles sobre sus descendientes, los fundadores de los clanes y demás, simplemente apuntar el detalle que cuando un vampiro –o cainita –crea un nuevo vampiro, al que se llama vástago, éste último está alejado una generación más del primer creador. Esta distancia dará lugar a que sus poderes sean menores a largo plazo, pues el límite tanto a sus atributos, como habilidades, disciplinas y contactos, entre otros, quedará marcado por este alejamiento del primera generación.
Esta campaña que cuelgo más abajo, de más de quinientas páginas, es para mí lo mejor que he escrito de cualquier juego de rol, sea el que sea; si más no de la que me siento más orgulloso. La campaña es el enfrentamiento de unos cainitas contra un demonio de un inmenso poder, el cual no hará acto de presencia hasta el último capítulo. Durante el resto de la campaña asistiremos a diversos episodios que marcarán el devenir de la no –vida de nuestros protagonistas. Y es que la campaña se divide en dos partes. Vayamos por la primera. En ella, los protagonistas empiezan todos como mortales, viven en diferentes lugares y en diferentes épocas, algunos son persas y otros italianos, unos nacieron sobre el año 300 y otros alrededor del quinientos. Tras asistir a su transformación como vampiros todos ellos terminarán en la floreciente ciudad de Constantinopla, donde a lo largo de más de seiscientos años llegarán a codearse con los grandes patriarcas de la ciudad. Asistirán a traiciones entre vampiros, comandarán ejércitos en grandes batallas o se enfrentarán con los garou –u hombres lobo –, sus enemigos ancestrales. Estarán presentes en la quema de Alejandría, visitarán Transilvania o se trasladarán a las tierras húngaras entre otros viajes. Al final de esta primera parte de la campaña los personajes caerán en letargo, coincidiendo con el asalto de los cruzados a la ciudad de Constantinopla.
En la segunda parte, los jugadores crearán nuevos personajes, y aquí se dará una especial relevancia a los clanes a los que pertenezcan. Quien llevará un personaje perteneciente a un clan concreto en la parte anterior, en la presente interpretará a otro que pertenece al clan directamente rival al otro, y así para todos ellos. Otra diferencia es que los personajes son ya vampiros. La acción se inicia en Catalunya. Los pjs reciben el encargo de encontrar un libro robado y que parece ser extremadamente valioso. Enfrentados a la Inquisición, el grupo viajará por toda Catalunya, seguirá hacia Marsella y de allí a Italia, Milán concretamente. Nuevos enemigos les harán frente, desde los recién llegados Giovanni a los diabólicos Baali. La pista del libro conducirá finalmente hasta la ciudad de Constantinopla, como no podía ser de otra forma. Allí los personajes deberán despertar del letargo a unos antiguos -¿adivináis quienes? –para que les ayuden a enfrentarse al demonio que está a punto de ser invocado. Mientras, los turcos asaltan la ciudad y ésta cae rendida a sus pies en lo que es el final de un Sueño.



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Morella: Edgar Allan Poe



Morella.
Morella, Edgar Allan Poe (1809-1849)
El mismo, por si mismo únicamente,
eternamente uno, y solo.
Platón, Symposium.

Consideraba yo a Morella con un sentimiento de profundo y singular afecto. Habiéndola conocido casualmente hace muchos años, mi alma, desde nuestro primer encuentro, ardió con un fuego que no había conocido; pero no era ese fuego el de Eros, y representó para mi espíritu un tormento la convicción de que no podría definir su insólito carácter ni regular su vaga intensidad. Sin embargo, nos tratamos, y el destino nos unió ante el altar; jamás hablé de pasión, ni pensé en el amor. Ella, aun así, huía de la sociedad, y dedicándose a mí, me hizo feliz. Asombrarse es una felicidad, y una felicidad es soñar.

La erudición de Morella era profunda. Como espero mostrar, sus talentos no eran de orden vulgar, y su potencia mental era gigantesca. Lo percibí, y en muchos temas fui su discípulo. No obstante, pronto comprendí que, quizá a causa de haberse educado en Pressburgo ponía ella ante mí un gran número de esos libros místicos que se consideran generalmente como la simple escoria de la literatura alemana. Esas obras constituían su estudio favorito y constante, y si en el transcurso del tiempo llegó a ser el mío también, hay que atribuirlo a la simple, pero eficaz influencia del hábito y del ejemplo.

Mis convicciones no estaban en modo alguno basadas en el ideal, y no se descubriría, como no me equivoque por completo, ningún tinte del misticismo de mis lecturas, ya fuese en mis actos o ya fuese en mis pensamientos.

Persuadido de esto, me abandoné sin reserva a mi esposa, y me adentré con firme corazón en el laberinto de sus estudios. Y entonces -cuando, sumiéndome en páginas terribles, sentía un espíritu aborrecible encenderse dentro de mí- venía Morella a colocar su mano fría en la mía, y hurgando las cenizas de una filosofía muerta, extraía de ellas algunas graves y singulares palabras que, dado su extraño sentido, ardían por sí mismas sobre mi memoria. Y entonces, hora tras hora, permanecía al lado de ella, sumiéndome en la música de su voz, hasta que se infestaba de terror su melodía, y una sombra caía sobre mi alma, y palidecía yo, y me estremecía interiormente ante aquellos tonos sobrenaturales. Y así, el gozo se desvanecía en el horror, y lo más bello se tornaba horrendo, como Hinnom se convirtió en Gehena.

Resulta innecesario expresar el carácter exacto de estas disquisiciones que, brotando de los volúmenes que he mencionado, constituyeron durante tanto tiempo casi el único tema de conversación entre Morella y yo. Los enterados de lo que se puede llamar moral teológica las concebirán fácilmente, y los ignorantes poco comprenderían. El vehemente panteísmo de Fichte, la palingenesia modificada de los pitagóricos, y por encima de todo, las doctrinas de la Identidad tal como las presenta Schelling, solían ser los puntos de discusión que ofrecían mayor belleza a la imaginativa Morella. Esta identidad llamada personal, la define con precisión mister Locke, creo, diciendo que consiste en la cordura del ser racional. Y como por persona entendemos una esencia inteligente, dotada de razón, y como hay una conciencia que acompaña siempre al pensamiento, es ésta la que nos hace a todos ser eso que llamamos nosotros mismos, diferenciándonos así de otros seres pensantes y dándonos nuestra identidad personal. Pero el principium individuationis -la noción de esa identidad que en la muerte se pierde o no para siempre- fue para mí en todo tiempo una consideración de intenso interés, no sólo por la naturaleza pasmosa y emocionante de sus consecuencias, sino por la manera especial y agitada como la mencionaba Morella.

Pero realmente había llegado ahora un momento en que el misterio del carácter de mi esposa me oprimía como un hechizo. No podía soportar por más tiempo el contacto de sus pálidos dedos, ni el tono profundo de su palabra musical, ni el brillo de sus melancólicos ojos. Y ella sabía todo esto, pero no me reconvenía.

Parecía tener conciencia de mi debilidad o de mi locura, y sonriendo, las llamaba el Destino. Parecía también tener conciencia de la causa, para mí desconocida, de aquel gradual desvío de mi afecto; pero no me daba explicación alguna ni aludía a su naturaleza. Sin embargo, era ella mujer, y se consumía por días. Con el tiempo, se fijó una mancha roja constantemente sobre sus mejillas, y las venas azules de su pálida frente se hicieron prominentes. Llegó un instante en que mi naturaleza se deshacía en compasión; pero al siguiente encontraba yo la mirada de sus ojos pensativos, y entonces sentíase mal mi alma y experimentaba el vértigo de quien tiene la mirada sumida en algún aterrador e insondable abismo.

¿Diré que anhelaba ya con un deseo fervoroso y devorador el momento de la muerte de Morella? Así era; pero el frágil espíritu se aferró en su envoltura de barro durante muchos días, muchas semanas y muchos meses tediosos, hasta que mis nervios torturados lograron triunfar sobre mi mente, y me sentí enfurecido por aquel retraso, y con un corazón demoníaco, maldije los días, las horas, los minutos amargos, que parecían alargarse y alargarse a medida que declinaba aquella delicada vida, como sombras en la agonía de la tarde.

Pero una noche de otoño, cuando permanecía quieto el viento en el cielo, Morella me llamó a su lado. Había una oscura bruma sobre toda la tierra, un calor fosforescente sobre las aguas, y entre el rico follaje de la selva de octubre, hubiérase dicho que caía del firmamento un arco iris.

-Éste es el día de los días -dijo ella, cuando me acerqué-; un día entre todos los días para vivir o morir. Es un día hermoso para los hijos de la tierra y de la vida, ¡ah, y más hermoso para las hijas del cielo y de la muerte!

Besé su frente, y ella prosiguió:

-Voy a morir, y a pesar de todo, viviré.
-¡Morella!
—No han existido nunca días en que hubieses podido amarme; pero a la que aborreciste en vida la adorarás en la muerte.
—¡Morella!
-Repito que voy a morir. Pero hay en mí una prenda de ese afecto, ¡ah, cuan pequeño!, que has sentido por mí, por Morella. Y cuando parta mi espíritu, el hijo vivirá, el hijo tuyo, el de Morella. Pero tus días serán días de dolor, de ese dolor que es la más duradera de las impresiones, como el ciprés es el más duradero de los árboles. Porque han pasado las horas de tu felicidad, y no se coge dos veces la alegría en una vida, como las rosas de Paestum dos veces en un año. Tú no jugarás ya con el tiempo el juego del Teyo; pero, siéndote desconocidos el mirto y el vino, llevarás contigo sobre la tierra tu sudario, como hace el musulmán en la Meca.
-¡Morella! -exclamé- ¡Morella! ¿cómo sabes esto?

Pero ella volvió su rostro sobre la almohada, un leve temblor recorrió sus miembros, y ya no oí más su voz.

Sin embargo, como había predicho ella, su hijo -el que había dado a luz al morir, y que no respiró hasta que cesó de alentar su madre-, su hijo, una niña, vivió. Y creció extrañamente en estatura y en inteligencia, y era de una semejanza perfecta con la que había desaparecido, y la amé con un amor más ferviente del que creí me sería posible sentir por ningún habitante de la Tierra.

Pero, antes de que pasase mucho tiempo, se ensombreció el cielo de aquel puro afecto, y la tristeza, el horror, la aflicción, pasaron veloces como nubes. He dicho que la niña creció extrañamente en estatura y en inteligencia. Extraño, en verdad, fue el rápido crecimiento de su tamaño corporal; pero terribles, ¡oh, terribles!, fueron los tumultuosos pensamientos que se amontonaron sobre mí mientras espiaba el desarrollo de su ser intelectual. ¿Podía ser de otra manera, cuando descubría yo a diario en las concepciones de la niña las potencias adultas y las facultades de la mujer, cuando las lecciones de la experiencia se desprendían de los labios de la infancia y cuando veía a cada hora la sabiduría o las pasiones de la madurez centellear en sus grandes y pensativos ojos? Como digo, cuando apareció evidente todo eso ante mis sentidos aterrados, cuando no le fue ya posible a mi alma ocultárselo más, ni a mis facultades estremecidas rechazar aquella certeza, ¿cómo puede extrañar que unas sospechas de naturaleza espantosa y emocionante se deslizaran en mi espíritu, o que mis pensamientos se volvieran, despavoridos, hacia los cuentos extraños y las impresionantes teorías de la enterrada Morella?

Arranqué a la curiosidad del mundo un ser a quien el Destino me mandaba adorar, y en el severo aislamiento de mi hogar, vigilé con una ansiedad mortal cuanto concernía a la criatura amada.

Y mientras los años transcurrían, y mientras día tras día contemplaba yo su santo, su apacible, su elocuente rostro, mientras examinaba sus formas que maduraban, descubría día tras día nuevos puntos de semejanza en la hija con su madre, la melancólica y la muerta. Y a cada hora aumentaban aquellas sombras de semejanza, más plenas, más definidas, más inquietantes y más atrozmente terribles en su aspecto. Pues que su sonrisa se pareciese a la de su madre podía yo sufrirlo, aunque luego me hiciera estremecer aquella identidad demasiado perfecta; que sus ojos se pareciesen a los de Morella podía soportarlo, aunque, además, penetraran harto a menudo en las profundidades de mi alma con el intenso e impresionante pensamiento de la propia Morella. Y en el contorno de su alta frente, en los bucles de su sedosa cabellera, en sus pálidos dedos que se sepultaban dentro de ella, en el triste tono bajo y musical de su palabra, y por encima de todo (¡oh, por encima de todo!) en las frases y expresiones de la muerta sobre los labios de la amada, de la viva, encontraba yo pasto para un horrendo pensamiento devorador, para un gusano que no quería perecer.

Así pasaron dos lustros de su vida, y hasta ahora mi hija permanecía sin nombre sobre la tierra. Hija mía y amor mío eran las denominaciones dictadas por el afecto paterno, y el severo aislamiento de sus días impedía toda relación. El nombre de Morella había muerto con ella. No hablé nunca de la madre a la hija; érame imposible hacerlo. En realidad, durante el breve período de su existencia, la última no había recibido ninguna impresión del mundo exterior, excepto las que la hubieran proporcionado los estrechos límites de su retiro.

Pero, por último, se ofreció a mi mente la ceremonia del bautismo en aquel estado de desaliento y de excitación, como la presente liberación de los terrores de mi destino. Y en la pila bautismal dudé respecto al nombre. Y se agolparon a mis labios muchos nombres de sabiduría y belleza, de los tiempos antiguos, y de los modernos, de mi país y de los países extranjeros, con otros muchos, muchos delicados de nobleza, de felicidad y de bondad. ¿Qué me impulsó entonces a agitar el recuerdo de la muerta enterrada? ¿Qué demonio me incitó a suspirar aquel sonido cuyo recuerdo real hacía refluir mi sangre a torrentes desde las sienes al corazón? ¿Qué espíritu perverso habló desde las reconditeces de mi alma, cuando, entre aquellos oscuros corredores, y en el silencio de la noche, musité al oído del santo hombre las sílabas Morella? ¿Qué ser más demoníaco retorció los rasgos de mi hija, y los cubrió con los tintes de la muerte cuando estremeciéndose ante aquel nombre apenas audible, volvió sus límpidos ojos desde el suelo hacia el cielo, y cayendo prosternada sobre las losas negras de nuestra cripta ancestral, respondió: ¡Aquí estoy!?

Estas simples y cortas sílabas cayeron claras, fríamente claras, en mis oídos, y desde allí, como plomo fundido, se precipitaron silbando en mi cerebro. Años, años enteros pueden pasar; pero el recuerdo de esa época, ¡jamás! No desconocía yo, por cierto, las flores y la vid; pero el abeto y el ciprés proyectaron su sombra sobre mí noche y día. Y no conservé noción alguna de tiempo o de lugar, y se desvanecieron en el cielo las estrellas de mi destino, y desde entonces se ensombreció la tierra, y sus figuras pasaron junto a mí como sombras fugaces, y entre ellas sólo vi una: Morella. Los vientos del firmamento suspiraban un único sonido en mis oídos, y las olas en el mar murmuraban eternamente: Morella. Pero ella murió, y con mis propias manos la llevé a la tumba; y reí con una risa larga y amarga al no encontrar vestigios de la primera Morella en la cripta donde enterré la segunda.
Edgar Allan Poe (1809-1849)



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Otro Muerto - Mecano



Otro muerto, otro muerto
qué más da
si está muerto que lo entierren y
ya está
otro muerto, pero no es sin ton ni son
de momento se acabó la discusión
Yo no sé, ni quiero
de las razones
que dan derecho a matar
pero deben serlo
porque el que muere
no vive más, no vive más

Otro muerto,
pero qué bonitos son
calladitos, sin querer llevar razón
Otro muerto, pero tiene su por qué
algo ha hecho y si no pregúntale

Yo no sé, ni quiero
de las razones
que dan derecho a matar
pero deben serlo
porque el que muere
no vive más, no vive más

Yo no sé, ni quiero
de las razones
que dan derecho a matar
deben ser la ostia
porque el que muere
no vive más, no vive más.




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Hijo de la Luna - Mecano





Tonto el que no entienda.
cuenta una leyenda
que una hembra gitana
conjuró a la luna
hasta el amanecer.
llorando pedía
al llegar el día
desposar un calé.
"tendrás a tu hombre,
piel morena,"
desde el cielo
habló la luna llena.
"pero a cambio quiero
el hijo primero
que le engendres a él.
que quien su hijo inmola
para no estar sola
poco le iba a querer."
Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.
a-ha-ha, a-ha-ha, 
hijo de la luna.

de padre canela
nació un niño
blanco como el lomo
de un armiño,
con los ojos grises
en vez de aceituna --
niño albino de luna.
"¡maldita su estampa!
este hijo es de un payo
y yo no me lo callo."
Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.
a-ha-ha, a-ha-ha, 
hijo de la luna.
Gitano al creerse deshonrado,
se fue a su mujer,
cuchillo en mano.
"¿de quién es el hijo?
me has engañado fijo."
y de muerte la hirió.
luego se hizo al monte
con el niño en brazos
y allí le abandonó.
Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
dime, luna de plata,
qué pretendes hacer
con un niño de piel.
a-ha-ha, a-ha-ha, 
hijo de la luna.
Y en las noches
que haya luna llena
será porque el niño
esté de buenas.
y si el niño llora
menguará la luna
para hacerle una cuna.
y si el niño llora
menguará la luna 
para hacerle una cuna.






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ÁNGEL KURTEN:: UN AÑO MAS UN AÑO MENOS

...Conforme pasa el tiempo, las dudas se van resolviendo, la vida te trae sorpresas que cada vez son menos "sorprendentes", es incluso esperado el saber que las cosas no siempre salen como se planean, que no toda la gente es buena, y que el camino siempre es cuesta arriba, y como cada vez estas más viejo o mas joven como en mi caso, pues cada vez te cansas mas en la subida. Si hoy 11 de Noviembre extingo una vela mas de manera simbólica. Yo su anfitrión de este su siniestro Mundo de VampirosUn día como hoy vi por primera vez la luz.



Espero hoy estés donde estés, brindes conmigo ya que al leer estas lineas yo disfruto de esencias disueltas en una copa, deleitándomedisfrutándolo como un buen vino. con sabor a melancolía, el sabor puro de mi oscuridad, el dolor que siempre estuvo ahí matan dome día a día y una pizca de esperanza para fortalecer mi alma, Salud por mi.


No termino sin antes agradecer a todas vuestras almas que siguen a este habitante de siniestro corazón, las cuales me motivan a continuar iluminando mentes, las cuales iluminan y alimentan mi alma. Gracias por sus infinitos comentarios en estos años y que la Luna y la noche nos proteja hasta cuando la luz escape de nuestros ojos.


Sembrare mi historia lo mas profundo en tus memorias donde podré vivir eternamente.




La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes
para no perderlos de vista mientras se persiguen.








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Recuerdos


Fuiste palabra en mis silencios
y me obligue a recordar,
tus dedos se tornaron fríos
ya no hay lagrimas que derramar
ni sueños que engendrar,
quiero ser como esa lluvia
que resbala sobre tu desnudez,
acariciar la turgencia
que emana de tu piel,
alcanzar ese edén
y olvidar mi destino
en manos de tantos latidos
muertos en mi cruel desdén,
fuiste luna en mi insidiosa noche
ahora vago recordándote,
ahora soy vampiro amándote.

Arwen©



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Las Leyes de la Canalla

Éstas son las palabras
que Caín dijo respecto
a los Hijos de Seth
mientras gobernaba Enoch,
siendo entonces su Rey.
Escuchad las palabras
de Caín, quien dictó
todas nuestras leyes:

"Nos ha sido dado el Dominio
de los Hijos de Seth,
el tercer hijo de Adán,
y puesto que es el menor
de todos nuestros hermanos
cuidaremos de sus Hijos
como si fueran los nuestros,
y les enseñaremos
el buen camino, y a cambio
nos servirán hasta el día
en que sea su último.

Nos servirán cuando el Sol
cabalgue cruzando el cielo,
vigilarán nuestras casas
con aguas que sofoquen
el Fuego de Miguel.
Ellos nos alimentarán,
y nos proveerán
con abrigados ropajes;
Ellos nos deleitarán
con sus hermosas danzas,
y nos proveerán
con armoniosas canciones;
Ellos yacerán con nosotros,
y nos proveerán
con tierno consuelo;
Ellos nos aconsejarán,
y escucharemos su consejo;
Ellos nos adorarán,
y rechazaremos su adoración.

No deberéis convertiros
en nada parecido a un Dios
ante los Hijos de Seth,
pues Aquél en lo Alto,
celoso en el cielo,
derribará para siempre
la estirpe de Caín.
Recordad al afable Ashtareth,
recordad al áureo Baal,
recordad al fuerte Tammuz,
sabed que los Hijos de Seth
se alzarán con armas
de Aquél en lo Alto,
y nos conquistarán,
si fuéremos nosotros
unos dioses a sus ojos.

Guiaréis los Hijos de Seth
como un pastor a su grey,
Y escogeréis como merecen.
Deberéis limpiar su sangre,
Y alejarlos de la enfermedad.



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Karol Sandiu ( Karolini Scandiuzzi López)


Karol Sandiu ( Karolini Scandiuzzi López)

Nacida en el corazón de Brasil, en mayo de 1982. Hija y nieta de españoles, ha retornado a España en marzo de 2000, y desde entonces, reside en Torrejón de Ardoz, en la provincia de Madrid.Amante de la literatura, de leer, escribir y soñar con las letras, dispone de un blog personal en el cual publica sus escritos, en su mayoría relatos cortos.Autora con varios escritos en su haber, Erótika Vol.1 es la primera entrega de la Saga Romántica que se publica bajo el sello editorial Circulo Rojo, obra que ha cosechado muy buenas críticas e innumerables fans de red.Cuenta también con el próximo lanzamiento de una Saga de temática Fantástica que saldrá publicada bajo el sello editorial Nowevolution.
Diseñadora gráfica e ilustradora, comparte su amor por la escritura con el arte, siendo autora de carias portadas de obras literarias ya disponibles en el mercado literario.





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