
Con las alas por bóveda,
con sonrisa trémula y la niebla por iris,
con el lastre en cadena de una lánguida ausencia,
así lloras,
con la gota de sangre que en tus ojos se quiebra,
con la lluvia perpétua de quien sufre nostalgia
y no sabe, que el latir no se siente cuando no existe el alma.
Mas reniegas y niegas de tu propia natura,
y tiñendo de rojos tu oscilante envoltura,
más insistes y lloras...
Qué vacío el rincón donde exhibes tu duelo,
qué flamígero el luto cuando grita su ruego,
un arder en anhelo,
una llama entre cirios que derriten su cera
y derraman al suelo lo que calla la boca,
porque el eco es silencio, y la voz nunca implora.
¿Qué...